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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://rubiera.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>La Rubiera</title><description>Un lugar para compartir el placer de la lectura. Tambi&#xE9;n las divergencias de criterio. Sobre todo las divergencias. Este es el &#xFA;nico sentido del blog. Bienvenido.</description><link>https://rubiera.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>QUISIERA SER COMO EL AIRE</title><link>https://rubiera.blogia.com/2008/072101-quisiera-ser-como-el-aire.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2008/072101-quisiera-ser-como-el-aire.php</guid><description><![CDATA[<p><br /><br />Dicen las &uacute;ltimas ocurrencias de la neurociencia que el olfato es, de los cinco sentidos, el que m&aacute;s luces enciende en esa especie de Feria de Abril en permanente inauguraci&oacute;n que es el cerebro humano.Que le gana de largo al gusto (algo perezoso y elemental, afirman) y s&oacute;lo se deja amedrentar, en ocasiones, por el tacto. La vista resulta poco fiable y el oido, es obvio, se deja comprar a precio de politono.<br />Debe de ser cierto lo del olfato, no porque lo afirmen los neurocient&iacute;ficos que, dicho entre nosotros, han avanzado bastante desde que dejaron de fiar en las quimeras y aplicaron el sentido com&uacute;n, sino&nbsp; porque ya los antiguos le ten&iacute;an gran ley a la nariz y a ella encomendaban las decisiones m&aacute;s importantes. Por ejemplo, Tiresias que fue ciego y hombre, mujer, y otra vez hombre, fiaba su capacidad de or&aacute;culo en su nariz y acert&oacute; siempre, incluso en el peliagudo caso de Narciso, al que predijo el mal fin si osaba escrutarse con deleite. Y se escrut&oacute;.<br />De Narciso pasamos a la puritita actualidad, porque no est&aacute;n los tiempos para devaneos y sobre la primac&iacute;a del olfato podemos sacar algunas conclusiones pertinentes. Si en el olfato reside la mayor parte de nuestra memoria y a la memoria fiamos nuestras decisiones, por el olfato somos casi tan manipulables como por el sexo. Y adem&aacute;s sexo y olfato van de la mano, incluso excesivamente. Por tanto, &iquest;a qu&eacute; obedece la oficial&iacute;sima campa&ntilde;a contra el h&aacute;bito de fumar? A que un miembro de nuestra sociedad con la pituitaria obstruida por dos paquetes de cigarrillos al d&iacute;a es menos manipulable que otro con la nariz impoluta. &iquest;Conspiranoico? &iquest;Buscador infatigable de se&ntilde;ales extraterrestres? No. El olfato es en sociedades m&aacute;s avanzadas que la nuestra (recien salida del ajo) un argumento de venta: las compa&ntilde;&iacute;as buscan no ya la identidad corporativa (que tiene algo de exudado) sino la identidad olfativa. Verizon Wireless: chocolate. Sony: mandarina y vainilla. Los hoteles Westin: t&eacute; verde, cedro, geranio o fresa, seg&uacute;n el cliente y la habitaci&oacute;n. Por tanto, cuando entremos en un local donde diga &bdquo;Ox&iacute;geno&ldquo; (Prohibido fumar, claro) tendremos que pensar: ox&iacute;geno no, chocolate. Y a comprar.<br />Bendito el d&iacute;a en el que el perfume se usaba para camuflar malos olores como el del tabaco o para paliar la falta de agua en las palanganas. Cuando se usaba para enga&ntilde;ar y s&oacute;lo se enga&ntilde;aba, claro, el que quer&iacute;a. Porque la nariz no miente.<br />Los &aacute;ngeles, aunque deber&iacute;an, no existen. Pero el hombre, que es un misterio fuera del alcance de s&iacute; mismo, ha inventado algunas met&aacute;foras que se les parecen. Y sobre el perfume, sobre el no perfume, recuerdo una copla flamenca impagable: <br /><br />Quisiera ser como el aire<br />p&rsquo;a yo tenerte a mi vera<br />sin que lo notara naide<br />&nbsp;&nbsp; <br /></p>]]></description><pubDate>Mon, 21 Jul 2008 15:42:00 +0000</pubDate></item><item><title>DE PIE S&#xD3;LO COMEN LOS CABALLOS</title><link>https://rubiera.blogia.com/2008/071101-de-pie-solo-comen-los-caballos.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2008/071101-de-pie-solo-comen-los-caballos.php</guid><description><![CDATA[<p><br />En ocasiones la vida te depara la saludable y rara sensaci&oacute;n de que el sentido com&uacute;n y su mejor aliado, una expresi&oacute;n verbal o escrita sencilla y directa, no han desaparecido del planeta. En una entrevista que el tan incansable como estimulante Juan Cruz le realizaba al actual director de la Feria del Libro de Madrid, Teo Sacrist&aacute;n, &eacute;ste afirmaba que su abuelo sol&iacute;a decir que &ldquo;trabajar, lo que se dice trabajar, es cavar zanjas&rdquo;. Lo dem&aacute;s le parec&iacute;an entretenimientos al honesto proletario. Y no le faltaba raz&oacute;n, ni le falta hoy cuando, imagino, ya no est&aacute; entre los vivos, pero es recordado por su nieto con emoci&oacute;n y confianza.<br />Es importante que los recuerdos inspiren confianza. Creo que es lo m&aacute;s importante de los recuerdos. Todos tenemos m&uacute;ltiples, miles de recuerdos, pero, &iquest;cu&aacute;ntos de ellos nos nutren como si fueran pan reci&eacute;n horneado? &iquest;C&oacute;mo si fueran palabras que un amigo nos acaba de decir desde su coraz&oacute;n? Pocos, algunos quiz&aacute;s. Y son como tesoros que siempre volvemos a encontrar.<br />Cada a&ntilde;o aparece un n&uacute;mero de esta revista dedicado a la gastronom&iacute;a y cada a&ntilde;o, me plantea un problema. &iquest;De qu&eacute; puedo escribir que, a&uacute;n remotamente, se acerque a ese tema?&nbsp; Siempre me salvan los recuerdos, el pan caliente de los recuerdos. Cuando era un campesino adolescente sol&iacute;a ir a las tierras de labor con mi abuelo Jos&eacute; a sallar patatas o plantarlas, a sembrar centeno o a recogerlo; a cualquiera de las labores que &eacute;l llamaba de d&iacute;a completo. A la una en punto, indefectiblemente, aparec&iacute;a mi abuela Oliva con su cesta de mimbre con la comida, el vino y una botella vac&iacute;a para que yo buscara agua fresca en la fuente Las llamas. Busc&aacute;bamos una sombra, ella tend&iacute;a un peque&ntilde;o mantel a cuadros rojos, y a comer. Si por casualidad se me ocurr&iacute;a llevarme a la boca un bocado estando de pie, y no digamos caminando, Oliva me miraba de arriba abajo muy seria y como si se dirigiera a otro dec&iacute;a: &ldquo;de pie s&oacute;lo comen los caballos&rdquo;. Y hab&iacute;a que sentarse.<br />La frase, este recuerdo como pan reci&eacute;n horneado, me salv&oacute; a&ntilde;os m&aacute;s tarde de mi timidez en los cientos de presentaciones, actos y celebraciones&nbsp; en los que, tambi&eacute;n indefectiblemente, sirven canap&eacute;s a los que, para m&iacute;, es una &ldquo;ofensa&rdquo; acercarse. Mientras&nbsp; observo codazos por alcanzar un canap&eacute; de tortilla o de cangrejo, escucho una voz muy lejana: &ldquo;de pie s&oacute;lo comen los caballos&rdquo;. Y sonr&iacute;o porque, de beber, no dice nada.</p>]]></description><pubDate>Fri, 11 Jul 2008 11:13:00 +0000</pubDate></item><item><title>OLINDA</title><link>https://rubiera.blogia.com/2008/062001-olinda.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2008/062001-olinda.php</guid><description><![CDATA[<p> <p class="MsoNormal">&nbsp;</p> <p class="MsoNormal"><span>Hay dos cosas que nunca entender&eacute; del todo. Quiero decir, entre las que me importan, porque las cosas que entiendo o me importa entender son pocas. Hay dos cosas que en estos d&iacute;as han llamado con insistencia a la puerta de mis ocupaciones, y por eso escribo sobre ellas. Una es &iquest;por qu&eacute; un libro tiene &eacute;xito? Un &eacute;xito grande, de esos que generan pir&aacute;mides de ejemplares en El Corte Ingl&eacute;s durante meses, como los de Arturo P&eacute;rez Reverte o Paulo Coelho, y que entrevisten al autor en los programas de la tele que generalmente se ocupan de otros asuntos. Y de antemano (no me lean los labios, cr&eacute;anselo), NO TENGO nada contra ninguno de los dos. Sobre todo nada contra Reverte que, por lo que opina y como, en sus art&iacute;culos, tiene pinta de paisano bragado y que va de cara, cuesti&oacute;n que me parece primordial antes, despu&eacute;s y durante los talentos con los que cada uno se gane la vida.</span></p> <p class="MsoNormal"><span><span>&nbsp;</span></span></p> <p class="MsoNormal"><span>Esta pregunta veraniega me asalt&oacute; reiteradamente leyendo una gran novela. Como dec&iacute;amos o decimos los antiguos y no excesivamente acad&eacute;micos, un gran libro. Y mira que me viene mal la palabreja. <em>Los libros arden mal</em></span><span> es un texto apasionante escrito con la maestr&iacute;a habitual de Manuel Rivas, uno de los narradores que mejor maneja la dif&iacute;cil relaci&oacute;n entre emoci&oacute;n y distancia o, lo que es lo mismo, entre las cosas que se pueden ver y aquellas que s&oacute;lo existen como lectura de lo que vemos. El libro ha sido un &eacute;xito, sin duda, un &eacute;xito de cr&iacute;tica &ndash;por las que yo le&iacute;- y probablemente un &eacute;xito de venta en relaci&oacute;n a los est&aacute;ndares del g&eacute;nero. Pero eso es justamente lo que me hace preguntarme por las razones del &eacute;xito de esc&aacute;ndalo. Pienso que la novela deb&iacute;a de haber armado el taco. Y no arm&oacute; el taco. &iquest;Por qu&eacute;? No me lo explico. Y tampoco me conformo con explicaciones sociol&oacute;gicas, del tipo gran literatura y otras lindezas, en las que yo y los que piensen como yo salgamos bien parados. La obra, una historia de la ciudad de A Coru&ntilde;a en los d&iacute;as de la guerra civil, es la construcci&oacute;n de un universo, s&iacute;, pero un universo de personajes tan pr&oacute;ximos, tan reales y al mismo tiempo tan m&aacute;gicos, que debieran de seducir a miles, a millones de lectores. Cuando conclu&iacute; de leerla en espa&ntilde;ol sent&iacute; la necesidad de hacerlo en gallego y el placer, pese a peque&ntilde;as dificultades con el idioma por la falta de una pr&aacute;ctica habitual, creci&oacute;. </span></p> <p class="MsoNormal"><span>&nbsp;</span></p> <p class="MsoNormal"><span>No tengo respuestas para explicar que <em>Los libros arden mal</em></span><span> no haya sido un &eacute;xito comparable al que el mismo escritor tuvo con <em>Qu&eacute; me quieres amor</em></span><span>, antes de la versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica del cuento <em>La lengua de las mariposas</em></span><span>, por ejemplo, cuando es, en mi opini&oacute;n, &eacute;ste un libro superior en muchos aspectos.</span></p> <p class="MsoNormal"><span>&nbsp;</span></p> <p class="MsoNormal"><span>As&iacute; mi perplejidad queda donde estaba y pienso que estar&aacute; hasta el fin de los tiempos. Un consuelo vicario reside en saber que <em>La guerra del fin del mundo</em></span><span>, de Mario Vargas Llosa (m&aacute;s novela, por m&aacute;s ficci&oacute;n, que <em>Conversaciones en la catedral</em></span><span>) pas&oacute; por el mismo purgatorio. Pero, como dir&iacute;a Polca, uno de los personajes de <em>Los libros arden mal</em></span><span>, todo puede ser que el libro o la situaci&oacute;n tengan o no tengan Olinda. Polca habla de las cerillas y explica que a todos sus componentes qu&iacute;micos podr&iacute;a a&ntilde;adir Olinda. &iquest;Y qu&eacute; es Olinda? : &ldquo;Un componente especial que tienen algunas cerillas. Las que encienden a la primera, tienen Olinda&rdquo;. Pues eso.</span></p> <p class="MsoNormal"><span>&nbsp;</span></p> <p class="MsoNormal"><span>Hay dos cosas que nunca entender&eacute; del todo. Ya les cont&eacute; una. La otra tendr&aacute; que esperar al pr&oacute;ximo art&iacute;culo, pues ya saben ustedes que uno de los secretos de la supervivencia es la correcta administraci&oacute;n de la ignorancia. La propia, por supuesto.</span></p> </p>]]></description><pubDate>Fri, 20 Jun 2008 10:05:00 +0000</pubDate></item><item><title>&#xBF;La India?</title><link>https://rubiera.blogia.com/2008/061701-la-india-.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2008/061701-la-india-.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p class="MsoNormal">&nbsp;</p> <p class="MsoNormal"><span>&nbsp;</span></p> <p class="MsoNormal"><span>La otra tarde Zuli me envi&oacute; un e-mail en el que dec&iacute;a: &ldquo;Se me olvid&oacute; deciros que la revista estar&aacute; dedicada a la India, por si quer&eacute;is escribir sobre algo relacionado&rdquo;. Algo as&iacute;, pens&eacute;, como escribir sobre &ldquo;algo relacionado&rdquo; con el universo, pero el universo es infinito (lo que tiene sus ventajas a la hora de divagar), mientras que la India tiene fronteras inmensas y una historia casi tan infinita como el universo. La divagaci&oacute;n sobre lo que existe o existi&oacute; no es mi g&eacute;nero. As&iacute; que, pasmado y un punto c&iacute;nico, comenc&eacute; a repasar mis escasos conocimientos sobre el c&oacute;smico asunto, con escaso &eacute;xito: El pr&iacute;ncipe Gautama, Hermann Hesse, Ghandi, Salvador P&aacute;niker, textos de los Upanisads, Tagore, Ramiro Calle, dos o tres gur&uacute;s cuyo nombre soy incapaz de transcribir, la novela de E. M. Foster y&hellip; poco m&aacute;s, si exceptuamos la actualidad m&aacute;s o menos reciente. Pero la actualidad s&oacute;lo les da para escribir a los anglosajones, a los latinos nos sirve s&oacute;lo para cargarnos de raz&oacute;n o insultar al vecino.</span></p> <p class="MsoNormal"><span>En estas, ya en la noche, vuelvo a abrir mi cuenta de correo y se produce un peque&ntilde;o milagro. Mi amigo, Miguel &Aacute;ngel Bernat, me ha enviado una carta con tres peque&ntilde;os poemas. Uno de ellos dice: </span><span>No he tenido un hijo / no he escrito un libro/ mi legado son las cosas / que he mirado con piedad. </span></p><p><span>De repente me doy cuenta de que estos cinco versos, que son una humild&iacute;sima declaraci&oacute;n de principios, una limpia proclamaci&oacute;n del amor y un perfecto epitafio, exaltan aquellos conocimientos que yo quisiera tener (poseer, practicar, haber sabido defender) de la India. La India es todo lo que hemos visto y le&iacute;do sobre ella, todo lo que nos han contado, desde los cuentos tradicionales hasta los romances de Bollywood, desde una potencia en investigaci&oacute;n e inform&aacute;tica, hasta la pobreza de Calcuta o la violencia de Cachemira. Pero, sobre todo, la India es, al menos lo fue para una generaci&oacute;n, el s&iacute;mbolo, la patria, de lo que hubi&eacute;ramos querido ser. El lugar al que quisi&eacute;ramos haber llegado. Aunque probablemente no sea de este mundo.</span>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Tue, 17 Jun 2008 09:53:00 +0000</pubDate></item><item><title>La Venus de Cranach</title><link>https://rubiera.blogia.com/2008/030301-la-venus-de-cranach.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2008/030301-la-venus-de-cranach.php</guid><description><![CDATA[<br /><br />La decisi&oacute;n de retirar de las paredes del metro londinense un cartel que anunciaba la exposici&oacute;n de Lucas Cranach el Viejo, en la Royal Academy, es un hecho que puede entenderse desde el punto de vista de la seguridad ciudadana, siempre y cuando admitamos, de antemano, que estamos siendo derrotados por ideolog&iacute;as sin Ilustraci&oacute;n con las que compartimos piso.<br />Espero que la muchacha pintada por el amigo de Lutero, coet&aacute;neo y competidor de Durero y detentador del monopolio de edici&oacute;n de la Biblia, pueda exhibirse sin velos, ni sobresaltos, tras las vetustas paredes de la Royal Academy. La nota de disculpa: &ldquo;Millones de personas viajan diariamente en metro y no tienen m&aacute;s remedio que ver la publicidad all&iacute; colocada. Debemos tener en cuenta a todos los viajeros y procurar no ofender a nadie&rdquo;, emitida por Transport for London, es un monumento a la estulticia y la hipocres&iacute;a.<br />Si tenemos que ocultar nuestras obras de arte, &iquest;qu&eacute; deberemos hacer con nuestros actos, palabras y gestos m&aacute;s cotidianos? &iquest;Reducirlos al &aacute;mbito privado? &iquest;Ocultarlos de nuevo bajo el santo temor de Dios? Sobre este asunto cualquier discurso se antoja un dislate y corre peligro de serlo.<br />La muchacha que, con la disculpa de representar a Venus, pint&oacute; Cranach, tiene una expresi&oacute;n que no mueve a lascivia. Su cuerpo, realizado sin duda a partir de muchos vistos fugazmente, tampoco. Es bella, s&iacute;, justamente porque muestra, representa, ejemplifica el deseo de descubrir, de mostrar a una mujer. De decir que existe, que es como es. La gasa transparente que cuelga entre sus manos y cela el sexo no es un velo, sino justamente lo contrario: la luz con la que el ser humano comparte, cautamente, a lo nuevo. Una candela, una vela.<br /><br />El &ldquo;metro&rdquo; es una gazapera excesivamente expuesta, es cierto. Cualquier enfermo ideol&oacute;gico (n&oacute;tese el br&iacute;o elusivo) puede causar una tragedia con el m&iacute;nimo esfuerzo. Pero el &ldquo;metro&rdquo; existe porque una sociedad se considera capaz de convivir en sus circunstancias y considera que, mayoritariamente, sus ciudadanos se respetar&aacute;n en ellas. Las grandes ciudades sobreviven gracias a este c&oacute;digo no escrito. Prohibir la exhibici&oacute;n de una &ldquo;Venus&rdquo; del s. XIV, es una manera no s&oacute;lo de violarlo, sino de abolirlo.<br /><br /><br /><br /><br /><br /><br />]]></description><pubDate>Mon, 03 Mar 2008 14:24:00 +0000</pubDate></item><item><title>GASTRONOSUYA</title><link>https://rubiera.blogia.com/2008/022701-gastronosuya.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2008/022701-gastronosuya.php</guid><description><![CDATA[<p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;</span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px"></span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">Soy consciente que la credibilidad de estas vi&ntilde;etas de letras es muy escasa, pero cuando por una vez, abordan el tema gastron&oacute;mico, la escasez roza la carencia. Por eso les hablar&eacute;, ya s&eacute; que no lo esperaban, de un libro. Pero les hablar&eacute; de &eacute;l no para alabarlo, denostarlo o dejarlo al bies. Les hablar&eacute; para mostrarles las sorpresas que depara la ignorancia. La ambiciosa obra se titula, <span class="Apple-style-span" style="font-style: italic">3.000 a&ntilde;os de cocina espa&ntilde;ola</span></span><span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px"> (Espasa) y ha sido escrita (recetada y anotada), por las intr&eacute;pidas Rosa Tovar y Monique Fuller, secundadas en la empresa por un nutrido grupo de amigos que encabeza Jaime Siles, no s&eacute; si el poeta o el gourmet, o ambos en el mismo alambique.</span></span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">3.000 a&ntilde;os de cocina son muchos a&ntilde;os, pero 3.000 a&ntilde;os de espa&ntilde;ola, son demasiados.</span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&iexcl;Qu&eacute; me van a contar a m&iacute; de licencias po&eacute;ticas! Pero, tres mil a&ntilde;os de <span class="Apple-style-span" style="font-style: italic">espa&ntilde;ola</span></span><span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">, son simplemente mentira, una mentira, eso s&iacute;, inofensiva. Pero luego, vienen los </span></span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px"><span class="Apple-style-span" style="font-style: italic">abertzales</span></span><span><span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;&nbsp; </span></span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">y no hay quien les quite su puntito de raz&oacute;n. Y eso tampoco, oiga, porque la raz&oacute;n requiere un m&iacute;nimo sentido del humor.</span></span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;Espa&ntilde;ola o no, la relaci&oacute;n comienza en la Espa&ntilde;a primitiva, aquella que, sorpresa, ya com&iacute;a berzas, ajo, tocino y truchas, adem&aacute;s de una muy l&iacute;rica sopa de tomillo. Naturalmente, los asturianos de entonces ya mezclaban la trucha y el tocino, demostrando que lo suyo, es decir, lo m&iacute;o, ha sido siempre la nostalgia del cerdo. As&iacute; nos va.</span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;Avanza el libro hacia Roma y nos topamos de bruces con el pulpo de Le&oacute;n, cefal&oacute;podo y oct&oacute;podo (animal esdr&uacute;julo, donde los haya), que llegaba desde sus simas oce&aacute;nicas hasta los rec&oacute;nditos valles de Villablino para saciar el hambre de la Legio G&eacute;mina VII, quien, a su vez, proteg&iacute;a con esmero el oro de Babia. No se sabe mucho de visigodos y bizantinos, respecto de sus gustos, pero s&iacute; que inventaron las croquetas, lo que sin embargo, parece m&aacute;s que suficiente para convertirlos en el aut&eacute;ntico fil&oacute;n de la novela hist&oacute;rica contempor&aacute;nea, g&eacute;nero que, efectivamente, parece en la actualidad servirse por raciones.</span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">Que jud&iacute;os y &aacute;rabes ten&iacute;an una mayor tendencia vegetariana</span><span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp; </span></span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">es cosa sabida, pero que de los primeros heredamos los huevos duros (y por tanto, <span class="Apple-style-span" style="font-style: italic">Una noche en la &oacute;pera</span></span><span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">) y de los segundos el arroz con leche, a lo mejor fastidia a m&aacute;s de un partidario de don Pelayo. &iexcl;Que los hay! De la &eacute;poca cristiana destacar&iacute;a "los soldaditos de Pav&iacute;a&rdquo; y, naturalmente, las &ldquo;yemas de Santa Teresa&rdquo;. Claro que las, o los </span><span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;</span></span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&ldquo;Atascaburras&rdquo;, son algo muy nuestro, aunque no s&eacute; sin tan p&iacute;o. </span></span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;Llega luego Am&eacute;rica y le da la vuelta a todo como a un calcet&iacute;n. Y de aquello, de aquel momento sublime de la historia y de la raza: la tortilla de patata. Y si quieren mestizaje, con cebolla. Magn&iacute;fico el libro de Rosa y de Monique, a quienes agradezco el favor que me han hecho en este trance. A cambio, les regalo una idea: propongan su obra como opci&oacute;n alternativa a Educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a, muchos podr&iacute;an salir favorecidos y acaso salvos.</span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;</span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px"></span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;</span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px"></span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;</span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px"></span></p><p class="MsoNormal"><span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;</span></span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;</span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px"></span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;</span><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px"></span></p><p class="MsoNormal"><span class="Apple-style-span" style="line-height: 18px">&nbsp;</span></p>]]></description><pubDate>Wed, 27 Feb 2008 16:50:00 +0000</pubDate></item><item><title>Hay bragas para comer</title><link>https://rubiera.blogia.com/2008/022601-hay-bragas-para-comer.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2008/022601-hay-bragas-para-comer.php</guid><description><![CDATA[<p class="MsoNormal">&iquest;Se acuerdan ustedes de la ef&iacute;mera moda literaria que en los primeros a&ntilde;os ochenta se denomin&oacute; &ldquo;realismo sucio&rdquo;? La expresi&oacute;n hab&iacute;a nacido algo antes en Estados Unidos para designar, con bastante m&aacute;s exactitud que a sus imitadores, la narrativa y la poes&iacute;a de Bukowski, aunque despu&eacute;s alcanz&oacute; rango de etiqueta aplicada a una generaci&oacute;n algo m&aacute;s joven, la de Raymond Carver, que gracias al siempre atento al exterior y, a veces, impagable cat&aacute;logo de Anagrama, lleg&oacute; a nosotros con notable presteza. En fin, algo que fue una moda que pas&oacute; para volver en cualquier momento, pues las etiquetas de la posmodernidad<span>&nbsp; </span>no pasan a la historia sino a un <span class="Apple-style-span" style="font-style: italic">stock</span><span> de obras que administran gur&uacute;s y mediopensionistas de la cultura, y del que, seg&uacute;n la temporada extraen las m&aacute;s convenientes.</span></p><p class="MsoNormal"><span>&nbsp;Todo esto no viene a cuento de Bukowski al que no leo hace tiempo y de quien siempre recomiendo su poes&iacute;a (<span class="Apple-style-span" style="font-style: italic">Poemas de la &uacute;ltima noche</span><span>, DVD, 2004), sino por la pesadez de un amigo (la amistad es una paradoja, casi siempre) que se empecina en repetir que la vida espa&ntilde;ola se ha convertido en &ldquo;realismo sucio&rdquo;. Y eso no.&nbsp;Es lo que tienen las etiquetas mal asimiladas, que sirven para cualquier cosa. Hay que reconocer que &ldquo;realismo sucio&rdquo;, adem&aacute;s de ser una encubierta redundancia, posee un ampl&iacute;simo campo significante. Que los se&ntilde;ores diputados del Congreso se enfrentan como verduleras: realismo sucio. Que una madre insulta a su hija en televisi&oacute;n: realismo sucio. Que en un programa de m&aacute;xima audiencia se airean las lujurias de una hasta ayer inmarcesible mito de la canci&oacute;n o la aristocracia: realismo sucio. Que una hist&oacute;rica instituci&oacute;n pol&iacute;tica financie y exhiba un video digno de un tonto del bote: realismo sucio. &iquest;Para qu&eacute; seguir?</span></span></p><p class="MsoNormal">&nbsp;Pues no. Nada de realismo sucio. En primer lugar nada de realismo y en segundo, nada de sucio. Ciertos sectores de la vida espa&ntilde;ola muy ruidosos por su proximidad a los medios de comunicaci&oacute;n cuando no producto de ellos mismos, son ignorantes, ruines, avariciosos y aviesos (por no decir malvados, que tiene resonancias apocal&iacute;pticas). Pero no son, en absoluto, realistas.</p><p class="MsoNormal">&nbsp;Roberto Arlt, cuando quisieron calificar a sus cuadros como surrealistas, replic&oacute; lo siguiente: &ldquo;no soy surrealista, soy realista del Sur&rdquo;. Y ten&iacute;a raz&oacute;n. En el sur y Espa&ntilde;a es el sur-sur de Europa, el realismo se da mal, le crece r&aacute;pidamente la hojarasca verbal o se le sube la color (aunque sea el negro) y se transforma en un disparate o en una genialidad, en todo caso por debajo o sobre el realismo, pero nunca en &eacute;l.</p><p class="MsoNormal">&nbsp;En cuanto a la suciedad, pues tampoco. En la octava potencia econ&oacute;mica del mundo nos lavamos bastante y vestimos considerablemente bien. El noventa por ciento de los aludidos en este art&iacute;culo (lamento no disponer de tel&eacute;fono para que intervengan) gasta ropa de marca y accesorios de lujo.&nbsp;<span><span class="Apple-style-span" style="font-family: Times New Roman; font-size: 16px">El realismo vital y literario en Espa&ntilde;a (conv&eacute;ncete, Jos&eacute; Manuel) se da s&oacute;lo en ambientes muy populares y generalmente unido al ramo del comercio minorista. R&oacute;tulos de graf&iacute;a imprecisa pero significado indudable: &ldquo;Hay pan&rdquo;. &ldquo;Se hacen bocadillos&rdquo;. Hasta aqu&iacute; llegamos y poco m&aacute;s. En cuanto intentamos describir el pan o describir el contenido de los bocadillos, transformamos el texto en un disparate o en una genialidad, pero el realismo se esfuma. Aunque el otro d&iacute;a, en uno de esos tabucos del Metro que quieren ser tiendas, descubr&iacute; una pieza impecable: &ldquo;Hay bragas para comer&rdquo;.</span></span></p><span></span>]]></description><pubDate>Tue, 26 Feb 2008 11:12:00 +0000</pubDate></item><item><title>FUMAR PUEDE MATAR</title><link>https://rubiera.blogia.com/2005/121501-fumar-puede-matar.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2005/121501-fumar-puede-matar.php</guid><description><![CDATA[<h1><br /> </h1>   <p class="MsoNormal"> </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"> </span></p>   <p align="right" class="MsoNormal" style="text-align: right"><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial">A Jos&eacute; Manuel Su&aacute;rez, que no fuma, pero anda a cuerpo. </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"> </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>                   </span><span>         </span></span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>La cosa fue as&iacute;: me hab&iacute;a quedado sin cigarrillos y lo desapacible del tiempo hac&iacute;a penoso bajar a la calle, abandonar el ordenador, a Schubert que sonaba en sus canciones y el texto que estaba escribiendo, algo sobre un escritor que quer&iacute;a desaparecer (<em>Doctor Pasavento</em>, <em>Vila-Matas</em>, <em>Walser</em>, claro); pero finalmente mir&eacute; hacia el patio, no llov&iacute;a, al menos no como antes y decid&iacute; salir sin tan siquiera ponerme la chaqueta. </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span> </span><span>    </span>El estanco est&aacute; a diez pasos de mi portal y el viaje de ida y vuelta no llegar&iacute;a a los cinco minutos y eso gastando, al menos dos, en averiguar que tipo de melancol&iacute;a tendr&iacute;a hoy abatido a Carmelo, el estanquero que desmiente todos los t&oacute;picos del gremio: detesta vender, tiene las existencias m&iacute;nimas y normalmente est&aacute; muy enfadado con el mundo. </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>Hac&iacute;a un fr&iacute;o del carajo la vela, as&iacute; que apresur&eacute; el paso hasta el l&oacute;brego chisc&oacute;n. </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>Carmelo me mir&oacute; con expresi&oacute;n bovina, sin decir palabra. Al cobrarme se obstin&oacute;, a&uacute;n a disgusto, en cambiar veinte euros por no fiarme los cinco c&eacute;ntimos que me faltaban en monedas. </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>Sal&iacute; apresuradamente, mosqueado por su ruindad de mal vecino, con el tabaco y el cambio en la mano esquivando los goterones que ca&iacute;an desde los tejados.</span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>En ese momento, cuando ya doblaba la esquina, unos bocinazos me hicieron volverme. Un tipo desde un todo terreno me hac&iacute;a gestos para que me detuviera. Yo no le reconoc&iacute;a, de nada </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>&iquest;Qu&eacute; querr&aacute; este orate?, pens&eacute;, mientras el agua del toldo de la cafeter&iacute;a (que me estaba esperando, seguro) cay&oacute; sobre mi cuero cabelludo como caen los porrazos sobre los tambores de Calanda.</span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>Ante mi asombro, el orate aparc&oacute; de mala manera en plena esquina y vino hacia m&iacute; sonriente y agitando los brazos. </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>No tuve tiempo ni de preguntar &iquest;qu&eacute; pasa?<span>  </span></span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>&ndash; <em>Se le han ca&iacute;do diez euros en la puerta del estanco</em>, me dijo.<span>      </span></span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>Efectivamente, all&iacute; sobre la acera mojada estaban los diez euros hechos un gui&ntilde;apo. Los cogi&oacute; y me los entreg&oacute; sonriendo.<em> </em></span></p>   <p class="MsoNormal" style="margin-left: 18.75pt; text-align: justify"><span style="font-family: Arial">&ndash;<em> Antes de que pase alg&uacute;n cabr&oacute;n y se los quede</em>, aclar&oacute;. </span></p>   <p class="MsoBodyText"><span>     </span>Mi asombro se transform&oacute; en pasmo. Acert&eacute; a darle las gracias mientras desaparec&iacute;a como lleg&oacute; corriendo hacia su coche. </p>   <p class="MsoBodyText"><span>     </span>Me qued&eacute; mir&aacute;ndolo mientras se difuminaba hasta perderlo de vista ya al final de Mej&iacute;a Lequerica, olvidado de la lluvia que hab&iacute;a vuelto a arreciar y me estaba calando.</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>Ahora, de vuelta a mi cubil, donde escribo esta historia min&uacute;scula, el paquete de <em>Pall Mall</em><span>  </span>me amenaza en negro sobre blanco (m&aacute;s exactamente, en Arial negrita cuerpo 16): Fumar puede matar. </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>Pero algo me dice que no es cierto, la que mata es la vida. He pillado un resfriado en condiciones. </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>La que mata es la vida, por su taca&ntilde;er&iacute;a o por su generosidad. Por cinco c&eacute;ntimos o por diez euros. </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>Aunque, generalmente, lo que mata de verdad es no ponerse la chaqueta. </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>     </span>Cualquier chaqueta.</span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Arial"><span>  </span></span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"> </p>]]></description><pubDate>Thu, 15 Dec 2005 09:47:00 +0000</pubDate></item><item><title>LA ELECCI&#xD3;N DE LA BARBARIE</title><link>https://rubiera.blogia.com/2004/060901-la-eleccion-de-la-barbarie.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2004/060901-la-eleccion-de-la-barbarie.php</guid><description><![CDATA[No s&eacute; por qu&eacute; me despertaba muy temprano en el apartamento frente a la playa de Bolonia (C&aacute;diz) un lugar donde todo es modesto salvo la playa misma y las ruinas de Baelo Claudia que hablan con la grandiosidad de los sue&ntilde;os y la serenidad de los siglos. Serenidad que, como todos sabemos, s&oacute;lo afecta a las piedras y que el hombre percibe como un aroma de la muerte extra&ntilde;amente tonificante, aunque ef&iacute;mero. A primera hora, antes de que el sol apareciera entre la calima, le&iacute;a alguno de los libros que todos llevamos de vacaciones y entre ellos, "La elecci&oacute;n de la barbarie" (Tusquets, 2002)  de Jos&eacute; Mar&iacute;a Ridao, que vino a otorgarle para m&iacute;, sin advertencia previa, una dimensi&oacute;n distinta al lugar elegido por los romanizados pr&oacute;ceres de C&aacute;diz, ciudadanos entonces de otro imperio, para poner en salaz&oacute;n a los atunes o tomar los ba&ntilde;os.<br />Cuenta Ridao, con la inteligencia en libertad que ya mostr&oacute; en "Contra la historia" y "La desilusi&oacute;n permanente", que occidente toma, de nuevo, frente a los movimientos migratorios la elecci&oacute;n de la barbarie al convertir conceptos como civilizaci&oacute;n o cultura en justificaciones de la acci&oacute;n pol&iacute;tica, de la misma manera que hace s&oacute;lo medio siglo se  hizo con los de raza o proletariado. Particularmente &uacute;til su cr&iacute;tica a los que denomina &ldquo;nuevos utopistas&rdquo;, aquellos para los que la idea de globalizaci&oacute;n describe un futuro indudable (en el mismo sentido que lo fueron la sociedad sin clases o  el Reich de los mil a&ntilde;os) hacia el que se mueve el mundo de manera imparable y por el que se justifica, o debe asumirse, cualquier injusticia presente. Como es l&oacute;gico la demonizaci&oacute;n del Islam y por extensi&oacute;n de todo el mundo &aacute;rabe ocupa gran parte del discurso. <br />Ocupado en las ideas bien expresadas y mejor hiladas del libro sal&iacute;a con los primeros rayos de  sol a dar un paseo ego&iacute;sta por la playa, s&oacute;lo habitada entonces por algunos pescadores cuya &uacute;nica utop&iacute;a consiste en que una dorada tense su sedal y les procure disculpa de haber abandonado la cama como amantes furtivos. Digo ego&iacute;sta porque adem&aacute;s de salud, belleza, serenidad, soledad y paz, los andarines a deshora buscamos por las playas cualquier cosa, piedras de colores, conchas, y hablamos con el mar como si el mar tuviera alguna obligaci&oacute;n de escucharnos. Y en esta ocasi&oacute;n era el mar el que hablaba con un lenguaje expl&iacute;cito y escasamente amable: en su cielo un helic&oacute;ptero de la Guardia Civil iba y ven&iacute;a entre las brumas del Estrecho y la a&uacute;n escasa claridad de la costa en previsi&oacute;n de que la desolaci&oacute;n se estuviera acercando m&aacute;s de lo deseable. Envuelto en el zumbido met&aacute;lico el andar&iacute;n avanza hacia los acantilados donde le espera un peque&ntilde;o bunker de cemento hoy abandonado y que la civilizada sociedad  espa&ntilde;ola ha rellenado con bolsas de basura que asoman como cabezas de encapuchados por el hueco donde alguna vez asom&oacute; un mauser y la  perruna melancol&iacute;a de un muchacho que hac&iacute;a la mili. M&aacute;s all&aacute;, reventados, los restos de dos pateras neum&aacute;ticas golpean contra las rocas al ritmo cansino de las olas como indicando la direcci&oacute;n de la huida hacia la cima del peque&ntilde;o promontorio de suelo arenisco tupido de pinos rastreros. De las ramas cuelgan restos de camisas quiz&aacute;s colgadas a secar y que no hubo tiempo de recoger despu&eacute;s. Botas gastadas, pl&aacute;sticos, y arrugadas cajetillas de tabaco completan la decoraci&oacute;n de lo que el andar&iacute;n ve&iacute;a desde su apartamento como una lengua esmeralda que lam&iacute;a los p&aacute;rpados turquesa del mar.<br />De regreso, cuando ya los primeros ba&ntilde;istas plantan sus sombrillas en primera l&iacute;nea de espuma con ardor de propietarios, traigo conmigo una peque&ntilde;a caracola que le entrego a Juan quien inmediatamente se la lleva a la oreja y sonr&iacute;e. Menos mal que el mar sabe muy bien lo que tiene que contar en cada caso.<br /><br />  <br /><br /><em>La elecci&oacute;n de la barbarie</em>]]></description><pubDate>Wed, 09 Jun 2004 12:10:00 +0000</pubDate></item><item><title>PAZ, como apellido</title><link>https://rubiera.blogia.com/2004/052401-paz-como-apellido.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2004/052401-paz-como-apellido.php</guid><description><![CDATA[Existen demasiados motivos para escribir esta palabra. Quizás el monosílabo más repetido en el corazón  de la gente en todo el mundo, aunque sólo sea, no seamos hipócritas, para  su negación. Sin embargo la palabra se acerca a esta página por distinta causa. Viene en calidad de apellido traída por el agradecimiento de lector y sólo para el recuerdo. Octavio Paz hubiera cumplido en el mes de abril noventa años. Se marchó de este mundo a los ochenta y cuatro dejando tras de sí una obra central a la cultura hispánica del siglo XX.<br>Recordarle como lector es también un homenaje al significado universal del sustantivo que le nombra. Pocos instantes como el de la lectura ejemplifican mejor el significado de la palabra paz. Y escasos actos, como el de leer, pueden  conducir con más naturalidad hacia ella.<br>Del autor de Los hijos del limo y Pasado en claro, se suele alabar la extensión y diversidad de su obra, el interés permanente que demostró por conocer e interpretar (traducir) otras culturas, otros ámbitos de la emoción y el conocimiento y, cómo no, la hondura y modernidad de su obra poética. Con ser ciertos cada uno de los enunciados se me antojan, en este instante, insuficientes. La sensación de orfandad que produjo su muerte no se explica sólo por lo que Octavio Paz había escrito, que afortunadamente sigue ahí, tan vivo como cuando salió de la imprenta, ni por lo que hubiera podido escribir que pertenece al mundo de la especulación. Quizás sea necesario admitir que echamos de menos  un talante y un talento crítico, una manera de estar en el  mundo de las ideas y en el mundo mucho más farragoso y enfangado de los actos. Desde la raíz de México que es un continente de la cultura hispánica y asumiendo, es decir, reconociendo, todas sus contradicciones y limitaciones, Octavio Paz integró nuestra cultura en el torrente crítico de la cultura moderna. Con su obra sí, pero también con sus actos políticos, con sus gestos cívicos. El siglo XX fue de los más siniestros de la historia del hombre, pero de su barbarie surgió una clase de hombres que no ángeles especial, aquellos que supieron atravesarlo sin permitir que claudicase su capacidad  crítica. Entre ellos, y desde nuestra orilla, estuvo Octavio Paz.<br>Por otra parte, quizás su herencia, ese talento crítico, sea la única garantía de que en  algún momento, la paz sea posible.]]></description><pubDate>Mon, 24 May 2004 14:01:00 +0000</pubDate></item><item><title>LITERATURA</title><link>https://rubiera.blogia.com/2004/051101-literatura.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2004/051101-literatura.php</guid><description><![CDATA[La esperanza es una vieja ramera que agota hasta la extenuación el último de sus encantos. Ser viejo es vivir de la esperanza. Sé que soy viejo desde el día en el que encontré algún encanto en el cuello raído de una camisa, en una arruga que creció justo en la linde de unos labios que hacían emerger, como un volcán, la avaricia de morder. Cuando joven ese encanto, aquella arruga, eran un destino;  hablaban de algo muy lejano. Hoy sólo valen por lo que cuentan.]]></description><pubDate>Tue, 11 May 2004 11:49:00 +0000</pubDate></item><item><title>G.K. CHESTERTON</title><link>https://rubiera.blogia.com/2004/042801-g-k-chesterton.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2004/042801-g-k-chesterton.php</guid><description><![CDATA[AUTOBIOGRAFÍA<br><br>No logro dejar de pensar que eso que llamamos estilo tiene algo que ver con la dignidad. Algo así, aunque no está citado literalmente, viene a decir G. K. Chesterton en su Autobiografía recientemente publicada por El Acantilado. La frase, y más que la frase su sentido, no ha dejado de acompañarme en los últimos días. Viniendo a cuento o no la recordaba, muchas veces traída por situaciones que nada tenían que ver con la literatura, más bien lo contrario, si es que ese contrario existe. La frase perdida entre otras ocurrencias, ocultaciones y sarcasmos del genial londinense (y aquí el topónimo es intencionadamente diferenciador del más genérico británico) me atrapó porque venía a acompañarme en un asunto para mí crucial: la identidad entre voluntad y creación, y sobre todo la necesaria identidad entre voluntad y recreación. Me explico: a un creador nadie le pide su trabajo. A un recreador sí. La recreación, que en literatura se llama traducción, suele ser un encargo, tantas veces mediocremente retribuido, y en él es imprescindible poner toda la voluntad de estilo, es decir toda la dignidad en juego. No es sencillo traducir de ninguna lengua, ni ningún texto. Siempre es complicado y en ocasiones imposible, pero el nivel de mediocridad al que la masiva producción de títulos está haciendo llegar a la industria editorial en este apartado, se está haciendo insostenible. Hasta el punto que no estaría mal la creación de un tribunal de traductores, una especie de cárcel de papel, como la que propuso La Codorniz en otros tiempos, para internar a los infractores.<br>Un libro mal traducido es peor que la peor de las censuras, peor que no leer, peor que no haber leído nunca. La mala traducción no sólo no da noticia del original sino que además suele hacer un uso estúpido de la propia lengua. El original si es bueno y por tanto digno de ser recreado, siempre existirá en su bondad original, pero lo mismo ocurrirá, por desgracia, con su versión mediocre, sobre la que habrán de pasar muchos años para que alguien la mejore, si es que eso llega a ocurrir alguna vez.<br>Leer te da más, pero no siempre. Y es posible que leer de menos muchas veces. No nos asustemos por la cantidad ingente de libros que nunca vamos a leer, hagámoslo por aquellos que creemos haber leído y no eran tales. Esta diatriba contra el traductor irresponsable y el editor sin grandes escrúpulos viene a cuento de recomendarles, muy efusivamente, la Autobiografía de G. K. Chesterton, pero también cualquier otro libro que haya sido traducido por Olivia de Miguel, como es el caso.<br>Como el genio paradójico que escribió El hombre que fue jueves no vería con demasiado entusiasmo el ardor justiciero de este artículo, concluyamos con un proverbio inglés que, probablemente, fuera más de su agrado: cuando señales con el dedo recuerda que otros tres apuntan hacia ti. En fin.]]></description><pubDate>Wed, 28 Apr 2004 10:10:00 +0000</pubDate></item><item><title>M&#xDA;SICA DE LOBO</title><link>https://rubiera.blogia.com/2004/040701-musica-de-lobo.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2004/040701-musica-de-lobo.php</guid><description><![CDATA[Ser diferente no es exactamente lo mismo que ser original, sino más bien lo contrario. Ser diferente es caro en cualquiera de los ordenes de la vida, ser original -es decir, cambiar el punto de vista para seguir diciendo lo mismo- suele estar bien visto, aplaudido y hasta retribuido en diferentes especies.<br>     <br>     Carlos Edmundo de Ory, un poeta mayor de nuestro medio siglo, gaditano de Madrid, español de Francia, fue desde sus comienzos diferente. En aquellos años de inmediata postguerra había que exhibir (herencia aún no agotada  de las vanguardias) un rótulo bajo el que cobijarse. Ory inventó en 1945, junto a su amigo Eduardo Chicharro, el Postismo. Pero su obra no se reduce a un nombre. Entreverado de Dadá y bajo la sombra tutelar de Antonin Artaud, más que cercano a la escolástica del surrealismo, el Postismo fue un mascarón con el que irrumpir en la poesía española, pero no define la ya caudalosa y variada producción de Ory. Más bien, a esta distancia en el tiempo, la oculta.<br><br>     De herencia romántica, la poesía de Ory oscila entre la confianza absoluta en la inspiración, en el abandono, y la necesidad de convertir el dolor en luz. La necesidad de salvar el dolor. Después, porque el irracionalismo nunca es absoluto, de aquel abandono y aquella necesidad nace el juego. Un juego sabio que, sin embargo, no siempre salva el poema y que se vierte con mayor acierto en los numerosos aforismos que el poeta recoge bajo  el nombre de Aerolitos.<br><br>     Erótico, visionario, y tierno como nunca se escribió la ternura en su tiempo, Ory se ofrece a los lectores, por fin, en una antología que no hay que perseguir por los rincones (Música de lobo (1941-2001,) Círculo de Lectores, 2003), realizada bajo el cuidado del poeta Jaume Pont. Tiene, así, este poeta esencial una segunda oportunidad de llegar a un público amplio, después de la ya lejana Poesía (1945-1969) prologada por Félix Grande en 1970.<br><br>     La diferencia se elige. No cabe, por tanto, llamarse a engaños. Si Ory fue y es provocador, si sus coetáneos extendieron sobre él el silencio, si su exótico recorrido por la tradición tardó en entenderse; todo, absolutamente todo, estaba incluido como precio del pasaje. También lo irregular del recorrido. Quedan poemas memorables.]]></description><pubDate>Wed, 07 Apr 2004 12:40:00 +0000</pubDate></item><item><title>HISTORIA UNIVERSAL DE PANICEIROS</title><link>https://rubiera.blogia.com/2004/040501-historia-universal-de-paniceiros.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2004/040501-historia-universal-de-paniceiros.php</guid><description><![CDATA[En ocasiones pasado y presente se funden. Suele ocurrir, todos lo hemos comprobado, con la complicidad de un buen perfume, de un licor, de una imagen, y en las veces más sutiles por una voz que pareció ser...la voz de otro tiempo. A mí me acaba de ocurrir con un libro: "Historia Universal de Paniceiros". Lo que no es raro, porque un libro, si es un buen libro, ha de satisfacer (hasta confundirlos) nuestros sentidos, y sobre todos el oído, pues las "voces", efectivamente, han de proceder de otro mundo, de otro tiempo. Justamente el mundo, el tiempo, del libro.<br>Sin embargo, en esta ocasión, el mundo del libro es, fue, mi propio mundo.<br>Xuan Bello, el autor de "Historia Universal de Paniceiros" (Editorial Debate, 2002), nació en Paniceiros una minúscula aldea alzada sobre la sierra del occidente asturiano y yo en La Rubiera, aún más minúscula, escondida en la otra página del valle. Compartimos, por tanto, el mundo perdido que retrata su libro, y lo que quizás sea más importante el sentimiento de pérdida, de fin irreparable de aquella película de la infancia. El Cuarto de los Valles resume geográficamente un mundo sólo recuperable por la literatura, por la memoria hecha voz de otro tiempo.<br>Escrito originalmente en asturiano el libro recoge historias diversas, algunas relacionadas con distintas salidas del autor a otros mundos, a otros textos, a otras vidas, y de la misma manera que vemos en las transparencias de un óleo el color original que impregnó la tela, aquí vemos en el fondo de todo el verdín original de Paniceiros. Y no es el pelo de la dehesa, sino cuánto de universal y de fundacional hubo en aquel mundo.<br>Me conmovió hasta el final la historia de Capote. El Capote de cuando entonces tenía la sangre muy caliente, y aunque a veces pareciera fiero y hosco era incapaz de matar a una mosca. Pensándolo cuando ya nada tiene remedio quizás no se diferenciara tanto del autor de A sangre fría. Yo le recuerdo bebiendo y maldiciendo en el chigre de mi abuelo con su chaquetón de cuero y los ojos brillando como brasas. Menos predecible entonces, su final tan urbano, tan trágico, como el derribo de las Torres Gemelas por los esbirros de Ben Laden. Con su muerte la estación del metro de Callao, en Madrid, fue, como el olvido de tantos, la metáfora de la devastación.<br>Cerré el libro con un regusto amargo y paradójicamente con un cierto sentimiento de euforia. La literatura puede salvar, la memoria hace justicia, los sentimientos perviven sobre el estruendo de la vida cotidiana. Pienso en Ausias March, que ya dijo esto en un pequeño poema. Pienso también en Sabela Fernández y en su Lluz d`amanecer (Trabe, Uvieu, 2000) escrito desde otra esquina del Cuarto los Valles. Efectivamente: l´amor ia... como una escala na nueite. Leer también.]]></description><pubDate>Mon, 05 Apr 2004 18:17:00 +0000</pubDate></item><item><title>S&#xCD;, OCUPA LUGAR</title><link>https://rubiera.blogia.com/2004/032401-si-ocupa-lugar.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2004/032401-si-ocupa-lugar.php</guid><description><![CDATA[En el ejercicio de memoria y nostalgia que permite escribir sobre libros ya leídos por todos (esto es como una articulería  de viejo, aunque, eso sí, de primera mano) sobreviene siempre el recuerdo de los lugares de lectura, de la misma manera que, en ocasiones, aquellos que somos nómadas por vocación o condición, hacemos recuento de las múltiples casas, habitaciones u hoteles en las que alguna vez estuvimos. Un ejercicio tan inútil como recurrente, con el que, quizás, conseguimos un autorretrato peatonal, una cierta idea consoladora de nosotros mismos. <br>El primer lugar en el que me recuerdo lector es (aún existe) el entonces enorme hueco interior de la ventana de la cocina de mi abuela Oliva. Allí, cubiertas las rodillas con un viejo chal e iluminado por la luz neblinosa que subía desde el corral memorizaba el Catecismo para la Primera Comunión que tendría lugar en primavera. Era un Catecismo sin santos, aburrido como una tarde con anginas. Escaso éxito, o escaso provecho, el de aquellas tardes, pues llegado el gran momento, interrogado por don José (llamado El Curón), mi memoria sufrió su primer gatillazo (luego se harían célebres, en todos los sentidos) y no supe responder a nada. Si los campesinos franceses enmudecían ante la fachada de la catedral de Chartres,  yo sucumbí ante la refulgente y descomunal casulla de don José.<br>He acudido al diccionario para ver si la palabra chiscón aparecía, y aparece, aunque sólo te remite a otra: tabuco. Pues bien, un tabuco, una habitación pequeña y estrecha es el segundo lugar de mis experiencias lectoras. El chiscón de una  portería. Un lugar diminuto detrás de una puerta con cortinillas en el que se concentraban todos los olores de un Madrid galdosiano, aunque estemos hablando de los años sesenta del siglo XX: humedad, la mezcolanza del aroma de todas las cocinas del edificio que bajaba por el patio, el perfume Gardenias de España de la Banochera, la del segundo izquierda. Todo ello fundido, adobado, pervertido (¿humanizado?), por el cisco que ardía bajo mis pies, en el brasero. En este lugar, esta garita más propicia a la muerte dulce que a cualquier aventura del espíritu, tuvieron lugar, sin embargo las apariciones. El primero en entrar fue Aladino y su lámpara maravillosa. Llegó de la mano temblona y enjoyada de La Bonachera y precedido, claro, por su perfume. Aquello ofendió mi dignidad pues se trataba de un cuento casi para bebés, troquelado según la figura de Aladino y su lámpara. Pero lo leí y lo guardé para poder cambiarlo en el puesto que tenía Pirulo por la calle Ibiza. ¿qué habrá sido de Pirulo? Lo cambié, abonando la diferencia,  por Miguel Strogoff, en un ejemplar que había pasado por mil manos de mil niños del barrio. El heroico  Miguel, la bella y noble Nadia, el traidor Ogareff, Nicolás, el lago Baikal, fueron territorio de mi imaginación, mis amigos, muchos días, pues recuerdo que Julio Verne (o su traductor) me obligaron a pedir prestado un diccionario a Daniel, el policía del quinto.<br>A aquel chiscón o tabuco fueron llegando Tom Sawyer, Huck Finn, Moby Dick, Los piratas de Malasia, Oliver Twist, la Flecha Negra, los Capitanes intrépidos, Gulliver... Siempre acompañados por Joe el sargento de Hazañas Bélicas y por el Capitán Trueno.  Lugares de la lectura, viejos reductos de la intimidad, la malvada nostalgia. Ustedes disimulen: esto se haría más largo que una tarde de domingo.]]></description><pubDate>Wed, 24 Mar 2004 13:03:00 +0000</pubDate></item><item><title>AIRE</title><link>https://rubiera.blogia.com/2004/031901-aire.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubiera.blogia.com/2004/031901-aire.php</guid><description><![CDATA[Aire. Escribo la palabra aire porque todas las que vienen a mi cabeza son palabras terribles y no quiero escribirlas. Escribo la palabra aire amparándome en todas las supercherías que encierra y sin ningún convencimiento especial, pero aún así, no quiero escribir las otras que llegan cargadas de significado aparentemente indudable en este momento. Es un acto de resistencia y como tal probablemente inútil, pero escribo la palabra aire como si fuera un sortilegio contra la mala suerte, un  fetiche contra el mal de ojo, o un remedio contra el catarro nasal que es incómodo y le quita a mi cara la poca gracia que pudiera tener.<br>En el fondo la cuestión es siempre la misma: se trata de elegir con cierta libertad las palabras que pones en funcionamiento, las palabras que echas a rodar  y podrían en un descuido caer sobre ti y aplastarte. O sólo rozarte, lo suficiente, en cualquier caso, para mancharte el pantalón o el bolsillo de la chaqueta y fastidiar la tarde, la velada y quizás el sueño o los sueños que pudieras tener en la noche. La realidad, o lo que percibimos y nombramos como realidad tiene, en muchas ocasiones, el corazón negro y la voluntad torcida.  Algo que te empuja al tedio, a la insoportable melancolía del suicida improbable. Pero lo peor de la realidad es que se abroga la tiránica facultad de cargar las palabras de sentido. De pronto se apoderan de tu cabeza las palabras más infames, las palabras que sólo pronunciarías en caso de extrema necesidad, comienzan a pasear por tus neurotransmisores como las únicas existentes. Y, como todos sabemos, no hace falta gran cosa para que esto suceda, cualquier menudencia existencial provoca el cataclismo, desde un cambio en el viento, hasta una mala digestión facultan a las isobaras del alma para encabritarse. Y una vez encabritada el alma todo comienza a ennegrecerse y las palabras innombrables parecen ser las únicas que existen. <br>Y no. No sólo no es cierto que sean las únicas, lo más probable es que además de ser una o dos entre millares posibles su significado en ese preciso momento raye la inexistencia. Las grandes y terribles palabras suelen esconder siempre, casi siempre, mayormente, una torpeza, una debilidad, un sarcasmo. Y lo peor de ellas, una vez pronunciadas, una vez escritas, es que no provocan la risa que sería razonable sino que, incansables, atraen tras de sí otras aún peores, más vacías y más sucias.<br>Por esa razón es muy recomendable recordar la variedad inabarcable de palabras, celebrar algún descubrimiento caprichoso e inútil, por ejemplo: aire. Y de él, que nos sostiene vivos, buscar la acepción menos petulante: fluido que forma la atmósfera. Por ejemplo. Claro que podría darnos un aire, y perder el aire o, lo que es mejor, escapársenos un aire, señal inequívoca de que el miedo o la simple depre comenzaba, felizmente, a ceder.]]></description><pubDate>Fri, 19 Mar 2004 12:36:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
