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La Rubiera

¿La India?

¿La India?

 

 

 

La otra tarde Zuli me envió un e-mail en el que decía: “Se me olvidó deciros que la revista estará dedicada a la India, por si queréis escribir sobre algo relacionado”. Algo así, pensé, como escribir sobre “algo relacionado” con el universo, pero el universo es infinito (lo que tiene sus ventajas a la hora de divagar), mientras que la India tiene fronteras inmensas y una historia casi tan infinita como el universo. La divagación sobre lo que existe o existió no es mi género. Así que, pasmado y un punto cínico, comencé a repasar mis escasos conocimientos sobre el cósmico asunto, con escaso éxito: El príncipe Gautama, Hermann Hesse, Ghandi, Salvador Pániker, textos de los Upanisads, Tagore, Ramiro Calle, dos o tres gurús cuyo nombre soy incapaz de transcribir, la novela de E. M. Foster y… poco más, si exceptuamos la actualidad más o menos reciente. Pero la actualidad sólo les da para escribir a los anglosajones, a los latinos nos sirve sólo para cargarnos de razón o insultar al vecino.

En estas, ya en la noche, vuelvo a abrir mi cuenta de correo y se produce un pequeño milagro. Mi amigo, Miguel Ángel Bernat, me ha enviado una carta con tres pequeños poemas. Uno de ellos dice: No he tenido un hijo / no he escrito un libro/ mi legado son las cosas / que he mirado con piedad.

De repente me doy cuenta de que estos cinco versos, que son una humildísima declaración de principios, una limpia proclamación del amor y un perfecto epitafio, exaltan aquellos conocimientos que yo quisiera tener (poseer, practicar, haber sabido defender) de la India. La India es todo lo que hemos visto y leído sobre ella, todo lo que nos han contado, desde los cuentos tradicionales hasta los romances de Bollywood, desde una potencia en investigación e informática, hasta la pobreza de Calcuta o la violencia de Cachemira. Pero, sobre todo, la India es, al menos lo fue para una generación, el símbolo, la patria, de lo que hubiéramos querido ser. El lugar al que quisiéramos haber llegado. Aunque probablemente no sea de este mundo. 

 

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