HISTORIA UNIVERSAL DE PANICEIROS
En ocasiones pasado y presente se funden. Suele ocurrir, todos lo hemos comprobado, con la complicidad de un buen perfume, de un licor, de una imagen, y en las veces más sutiles por una voz que pareció ser...la voz de otro tiempo. A mí me acaba de ocurrir con un libro: "Historia Universal de Paniceiros". Lo que no es raro, porque un libro, si es un buen libro, ha de satisfacer (hasta confundirlos) nuestros sentidos, y sobre todos el oído, pues las "voces", efectivamente, han de proceder de otro mundo, de otro tiempo. Justamente el mundo, el tiempo, del libro.
Sin embargo, en esta ocasión, el mundo del libro es, fue, mi propio mundo.
Xuan Bello, el autor de "Historia Universal de Paniceiros" (Editorial Debate, 2002), nació en Paniceiros una minúscula aldea alzada sobre la sierra del occidente asturiano y yo en La Rubiera, aún más minúscula, escondida en la otra página del valle. Compartimos, por tanto, el mundo perdido que retrata su libro, y lo que quizás sea más importante el sentimiento de pérdida, de fin irreparable de aquella película de la infancia. El Cuarto de los Valles resume geográficamente un mundo sólo recuperable por la literatura, por la memoria hecha voz de otro tiempo.
Escrito originalmente en asturiano el libro recoge historias diversas, algunas relacionadas con distintas salidas del autor a otros mundos, a otros textos, a otras vidas, y de la misma manera que vemos en las transparencias de un óleo el color original que impregnó la tela, aquí vemos en el fondo de todo el verdín original de Paniceiros. Y no es el pelo de la dehesa, sino cuánto de universal y de fundacional hubo en aquel mundo.
Me conmovió hasta el final la historia de Capote. El Capote de cuando entonces tenía la sangre muy caliente, y aunque a veces pareciera fiero y hosco era incapaz de matar a una mosca. Pensándolo cuando ya nada tiene remedio quizás no se diferenciara tanto del autor de A sangre fría. Yo le recuerdo bebiendo y maldiciendo en el chigre de mi abuelo con su chaquetón de cuero y los ojos brillando como brasas. Menos predecible entonces, su final tan urbano, tan trágico, como el derribo de las Torres Gemelas por los esbirros de Ben Laden. Con su muerte la estación del metro de Callao, en Madrid, fue, como el olvido de tantos, la metáfora de la devastación.
Cerré el libro con un regusto amargo y paradójicamente con un cierto sentimiento de euforia. La literatura puede salvar, la memoria hace justicia, los sentimientos perviven sobre el estruendo de la vida cotidiana. Pienso en Ausias March, que ya dijo esto en un pequeño poema. Pienso también en Sabela Fernández y en su Lluz d`amanecer (Trabe, Uvieu, 2000) escrito desde otra esquina del Cuarto los Valles. Efectivamente: l´amor ia... como una escala na nueite. Leer también.
Sin embargo, en esta ocasión, el mundo del libro es, fue, mi propio mundo.
Xuan Bello, el autor de "Historia Universal de Paniceiros" (Editorial Debate, 2002), nació en Paniceiros una minúscula aldea alzada sobre la sierra del occidente asturiano y yo en La Rubiera, aún más minúscula, escondida en la otra página del valle. Compartimos, por tanto, el mundo perdido que retrata su libro, y lo que quizás sea más importante el sentimiento de pérdida, de fin irreparable de aquella película de la infancia. El Cuarto de los Valles resume geográficamente un mundo sólo recuperable por la literatura, por la memoria hecha voz de otro tiempo.
Escrito originalmente en asturiano el libro recoge historias diversas, algunas relacionadas con distintas salidas del autor a otros mundos, a otros textos, a otras vidas, y de la misma manera que vemos en las transparencias de un óleo el color original que impregnó la tela, aquí vemos en el fondo de todo el verdín original de Paniceiros. Y no es el pelo de la dehesa, sino cuánto de universal y de fundacional hubo en aquel mundo.
Me conmovió hasta el final la historia de Capote. El Capote de cuando entonces tenía la sangre muy caliente, y aunque a veces pareciera fiero y hosco era incapaz de matar a una mosca. Pensándolo cuando ya nada tiene remedio quizás no se diferenciara tanto del autor de A sangre fría. Yo le recuerdo bebiendo y maldiciendo en el chigre de mi abuelo con su chaquetón de cuero y los ojos brillando como brasas. Menos predecible entonces, su final tan urbano, tan trágico, como el derribo de las Torres Gemelas por los esbirros de Ben Laden. Con su muerte la estación del metro de Callao, en Madrid, fue, como el olvido de tantos, la metáfora de la devastación.
Cerré el libro con un regusto amargo y paradójicamente con un cierto sentimiento de euforia. La literatura puede salvar, la memoria hace justicia, los sentimientos perviven sobre el estruendo de la vida cotidiana. Pienso en Ausias March, que ya dijo esto en un pequeño poema. Pienso también en Sabela Fernández y en su Lluz d`amanecer (Trabe, Uvieu, 2000) escrito desde otra esquina del Cuarto los Valles. Efectivamente: l´amor ia... como una escala na nueite. Leer también.
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