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La Rubiera

G.K. CHESTERTON

AUTOBIOGRAFÍA

“No logro dejar de pensar que eso que llamamos estilo tiene algo que ver con la dignidad”. Algo así, aunque no está citado literalmente, viene a decir G. K. Chesterton en su Autobiografía recientemente publicada por El Acantilado. La frase, y más que la frase su sentido, no ha dejado de acompañarme en los últimos días. Viniendo a cuento o no la recordaba, muchas veces traída por situaciones que nada tenían que ver con la literatura, más bien lo contrario, si es que ese contrario existe. La frase perdida entre otras ocurrencias, ocultaciones y sarcasmos del genial londinense (y aquí el topónimo es intencionadamente diferenciador del más genérico británico) me atrapó porque venía a acompañarme en un asunto para mí crucial: la identidad entre voluntad y creación, y sobre todo la necesaria identidad entre voluntad y recreación. Me explico: a un creador nadie le pide su trabajo. A un recreador sí. La recreación, que en literatura se llama traducción, suele ser un encargo, tantas veces mediocremente retribuido, y en él es imprescindible poner toda la voluntad de estilo, es decir toda la dignidad en juego. No es sencillo traducir de ninguna lengua, ni ningún texto. Siempre es complicado y en ocasiones imposible, pero el nivel de mediocridad al que la masiva producción de títulos está haciendo llegar a la industria editorial en este apartado, se está haciendo insostenible. Hasta el punto que no estaría mal la creación de un tribunal de traductores, una especie de cárcel de papel, como la que propuso La Codorniz en otros tiempos, para internar a los infractores.
Un libro mal traducido es peor que la peor de las censuras, peor que no leer, peor que no haber leído nunca. La mala traducción no sólo no da noticia del original sino que además suele hacer un uso estúpido de la propia lengua. El original si es bueno y por tanto digno de ser recreado, siempre existirá en su bondad original, pero lo mismo ocurrirá, por desgracia, con su versión mediocre, sobre la que habrán de pasar muchos años para que alguien la mejore, si es que eso llega a ocurrir alguna vez.
Leer te da más, pero no siempre. Y es posible que leer de menos muchas veces. No nos asustemos por la cantidad ingente de libros que nunca vamos a leer, hagámoslo por aquellos que creemos haber leído y no eran tales. Esta diatriba contra el traductor irresponsable y el editor sin grandes escrúpulos viene a cuento de recomendarles, muy efusivamente, la Autobiografía de G. K. Chesterton, pero también cualquier otro libro que haya sido traducido por Olivia de Miguel, como es el caso.
Como el genio paradójico que escribió El hombre que fue jueves no vería con demasiado entusiasmo el ardor justiciero de este artículo, concluyamos con un proverbio inglés que, probablemente, fuera más de su agrado: “cuando señales con el dedo recuerda que otros tres apuntan hacia ti”. En fin.

1 comentario

Raquel -

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